- Especialistas advierten que la limitación en la generación de relevo venezolana son impulsadas por la pérdida de calidad de vida y la migración.
- A esto se suma el impacto de la sobreestimulación digital, lo que dificulta la permanencia de los jóvenes profesionales en el campo laboral formal.
La disminución de la generación de relevo en Venezuela se debate entre las limitaciones socioeconómicas, incluyendo la fuga de talentos con la migración y del otro extremo, con profesionales jóvenes que crecieron acostumbrados a la inmediatez y entre cambios acelerados no toleran compromisos. Es el contexto que describen sociólogos y psicólogos, con el vacío de personal calificado y la controversia de la inmadurez emocional de jóvenes que carecen de estabilidad laboral.
Es un tema que suele abordarse desde la preocupación por la falta de generación de relevo en carreras de educación y que a partir del año 2015 fue más decisivo en especialistas de la salud, así como en ingenierías que son valiosas para el mantenimiento de los servicios públicos prioritarios como electricidad y agua. Preocupa por la complejidad de la dinámica en el país, sin garantizar la seguridad social para los venezolanos.
El sociólogo Dioni Salas lamenta que «Venezuela ha desperdiciado el talento humano de relevo, empezando por el deterioro de la estructura educativa, deformación de la capacidad socioeconómica, pérdida de la calidad de vida y la dificultad de los padres para garantizar mejores oportunidades a sus hijos».
Recuerda tres etapas decisivas de la diáspora, iniciando con la escasez de alimentos que obligó la salida de la clase profesional. Luego fue el segundo momento, que predominó la clase tecnificada y recientemente, con el tercer momento que fue masivo, con la emigración generalizada y en su mayoría con personas sin capacidades productivas.

El impacto en la fuerza laboral
Tal contexto, dejó el vacío y los pocos profesionales decepcionados, que terminaron perdiendo el amor a ejercer y se desviaron a la alternativa del comercio informal, sin mayor valor agregado. «Sólo es el resultado de la caída del salario y las consecuencias de un Estado paternalista, centralista y clientelista, acostumbrando a la bonificación y regalías», precisa Salas, refiriéndose a la falta de inversión y que califica, solamente deja a una «sociedad empobrecida».
De allí, es que el sociólogo Alirio Quintero precisa que «el talento humano cada vez se enfrenta a más retos y recientemente lo vivimos, con la tragedia sísmica y la necesidad de especialistas, incluyendo de equipos de rescates, porque faltó la plataforma con equipamiento».
En cuanto a los jóvenes profesionales en la actualidad, Marydela Torín Braz, psicólogo infantojuvenil, corrige que no se trata de una «generación de cristal», sino de cerebros que se desarrollaron en el contexto de la inmediatez sobre cambios acelerados.
«Los vemos enfrentarse a la inmediatez y al control que puedan suponer del patrono. Se someten a la sobreestimulación electrónica por el abuso de pantallas que se acostumbran a la gratificación instantánea, tienen menos tolerancia y les cuesta asumir compromisos», advierte.

Conductas y el rol de la crianza en las nuevas generaciones
Indica que hay casos de jóvenes que no saben esperar y la falta de tolerancia les puede impedir controlar impulsos, tal como gritar al refutar alguna indicación y observación. «Son jóvenes que quieren todo para: Ya. No piensan en consecuencias», explica.
Habla de un adulto que puede ser autosuficiente, pero validando sus capacidades de resolución, más allá del cuestionamiento sin analizar la situación. Además del ejercicio de análisis y reconocer las fallas.
De allí, la participación de la familia, con la vigilancia de padres para evitar el abuso con las pantallas sin la debida orientación. Una crianza que asigna tareas en el hogar y de acuerdo a su edad, para fijar esas responsabilidades tempranas que van forjando disciplina a futuro.
Recordarle a los hijos, más allá de juzgar, que deben trabajar en lo que necesitan. Buscar oportunidades, más allá de desistir, conscientes de que los impulsos efervescentes sólo complican la situación.
Al generar la cultura de esfuerzo, como un acto permanente, crecen los hijos analizando en qué está fallando y corregir, asumir consecuencias.
También es indispensable la autorregulación conductual, porque se ha sustituido tiempo de calidad por la dependencia a las pantallas electrónicas. Se pierde la vinculación cara a cara y es una generación que acostumbra a buscar la aprobación, según lo visto en redes sociales. Son jóvenes que se comparan, con ansiedad que les impide resolver conflictos.
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