- En Lara se han registrado terremotos desde 1736, que han provocado daños en Barquisimeto, El Tocuyo, Quíbor, Río Claro, Guarico, Humocaro Alto, Sanare, San Pablo, Aregue y Las Veritas.
- A Lara lo atraviesa una de las tres principales fallas sísmicas de Venezuela: la falla de Boconó, que se activó el 24 de junio, pero afectó al este de Venezuela, sin «romper Barquisimeto».
Tanto la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis) como la alcaldía de Iribarren y el Colegio de Ingenieros y Arquitectos del estado Lara, trabajarán en conjunto para que se cumplan y se actualice la Norma Covenin 1756 para Edificaciones Sismorresistentes, las ordenanzas de microzonificación sísmica de Iribarren y Palavecino aprobadas en 2018 y el Plan de Desarrollo Urbano Local (PDUL), de Barquisimeto y Cabudare. Con el propósito de garantizar la vida de los ciudadanos y la resiliencia urbana.
Los terremotos de magnitud 7,2 y 7,5 del 24 de junio, que han dejado 6.125 fallecidos y destruido a comunidades en La Guaira, edificaciones en la Gran Caracas (La Pastora, San Bernardino, Los Palos Grandes) y algunas poblaciones como Higuerote del estado Miranda, así como han generado daños en Falcón, Carabobo, Aragua y Yaracuy, obligan a sismólogos, geólogos, ingenieros civiles, arquitectos, universidades y autoridades municipales, a trabajar sobre todo en zonas de alto riesgo sísmico y de alta concentración demográfica, como la conurbación urbana Iribarren-Palavecino, donde habitan más de millón y medio de personas.
En Lara se han registrado terremotos desde 1736, que han provocado daños en Barquisimeto, El Tocuyo, Quíbor, Río Claro, Guarico, Humocaro Alto, Sanare, San Pablo, Aregue y Las Veritas. Los más mortíferos fueron el de 1812, que arrasó con Barquisimeto y acabó con la vida de más de 1000 personas (25% de la población), según datos históricos, y el terremoto de El Tocuyo de 1950, que devastó la zona colonial de Morán.
Pero Luz María Rodríguez, directora del Departamento de Geología de Terremotos de Funvisis, recordó que el 24 y 25 de septiembre de 2025, se registraron sismos de magnitud 6,2 y 6,3 que dejaron viviendas colapsadas en Carora, en lo que se conoce como «sismos de Mene Grande», que afectó a Lara y Zulia.
A Lara lo atraviesa una de las tres principales fallas sísmicas de Venezuela: la falla de Boconó, que se activó el 24 de junio, pero afectó al este de Venezuela, sin «romper Barquisimeto».
Durante un conversatorio titulado: «Edificaciones Sismorresistentes y edificaciones postsismos», en el monumento Flor de Venezuela, el 3 de agosto y que contó con la participación de ediles del concejo de Iribarren, de la alcaldía, órganos colegiados y cámaras empresariales, la geóloga Luz María Rodríguez, recordó que «las fallas no tienen frontera. Cuando un sistema de fallas rompe, no le importa si de un lado está un municipio, un estado o un país determinado», expresó.
Considera que la población tiene memoria corta, porque los periodos de retorno de los sismos de gran magnitud, son largos en el país. Por ejemplo, pasaron 214 años para que se volviera a registrar un terremoto superior a magnitud 7. Eso obliga a Venezuela a mejorar en investigaciones sismológicas y cultura de prevención.
Zonas vulnerables
Luz María Rodríguez, informó que Barquisimeto y Cabudare, comparten la misma geoamenaza porque la falla de Boconó atraviesa ambas jurisdicciones. Además tienen amenaza sísmica latente desde 1812 y amenaza hídrica, ya que se registran crecidas de ríos con frecuencia.

Pero un punto a favor de ambas ciudades, es que cuentan con investigaciones de microzonificación sísmica, aprobadas en ordenanza de 2018 por las cámaras municipales de Iribarren y Palavecino. Estos trabajos técnicos y científicos realizados en siete años no lo tienen municipios de La Guaira, donde los terremotos causaron estragos.
La microzonificación sísmica permitió detectar las zonas más vulnerables a terremotos. En Barquisimeto, se comprobó que los suelos tienen una capa de sedimento de 120 a 130 metros de espesor, sobre el basamento rocoso. Mientras que en Cabudare el espesor de los sedimentos es de 500 metros, por lo tanto, no se deben construir edificios de más de ocho pisos, debido a la profundidad de la cuenca sedimentaria.
En suelos blandos (de sedimentos), los sismos generan efectos de resonancia que pueden amplificar las ondas hasta colapsar edificios muy altos, como ocurrió en Los Palos Grandes, cuyos suelos tienen características similares a los de Cabudare.
«¿Dónde hay que prestar atención?. La falla de Boconó corta el cerro El Manzano (sur de Barquisimeto). Allí hay una extensión geomorfológica que llega al río Turbio y al río Claro, y continúa en Cabudare, en dirección a Yaracuy», explicó Rodríguez.
Esa zona tiene terrazas, abanicos aluviales (sedimentos) e inundaciones, que a lo largo de la historia se han registrado en Río Claro y Río Turbio. Por lo tanto, los estudios señalan que la población que vive alrededor, es la más vulnerable a sismos.
Cuando se fundó Barquisimeto, la ciudad se concentró en lo que hoy es el casco histórico, pero al expandirse la población, comenzó a habitar zonas donde había haciendas, lagunas y canales de ríos.
«La manera en que la ciudad pudiera crecer, fue tapando esos huecos, esas lagunas. Y eso en la actualidad es un problema para las construcciones que se hicieron en suelos inestables», puntualizó la doctora Luz María Rodríguez, investigadora de Funvisis. Eso ha ocasionado colapsos en la capa asfáltica y fallas estructurales en edificaciones modernas.
Los estudios de microzonificación sísmica determinaron que la cuesta del Zanjón Barrera, en Barquisimeto, es una zona con problemas de relleno. Las casas que están sobre suelos arcillosos han registrado fracturas.
Rodríguez reveló, que la urbanización Valle Hondo, en Palavecino, también se construyó sobre un suelo de sedimentos, «sobre un canal de río». Por eso el sector es propenso a inundaciones y crecida.
«Esto no es para asustarlos, es para que tomemos conciencia, que utilicemos las ordenanzas de microzonificación sísmica», resaltó.
Los estudios de microzonificación sísmica de Iribarren y Palavecino permitieron determinar dónde están los suelos arcillosos, dónde hay problemas de tubificación (erosión interna que ocurre cuando el flujo de agua subterránea arrastra partículas), donde había hay formación de cárcavas (incisión profunda del suelo).
La terraza de Barquisimeto posee un suelo sedimentario más antiguo y consolidado que Cabudare, pero sumamente vulnerable a la acción del agua (procesos de tubificación), y hay zonas de riesgo por cuencas. En las construcciones hechas alrededor del río Turbio y el río Claro, existen antiguas cicatrices de deslizamientos. «Si una crecida le quita la base a estos antiguos deslizamientos, o si ocurre un sismo, estas laderas se volverán a activar», resaltó.
Destacó que hacia Cabudare, el nivel freático (profundidad del agua subterránea) debido a la cercanía con los ríos, y un suelo poco consolidado, reúne las características para que ocurra licuación, (es cuando el suelo se comporta como arena movediza, ante la fuerza sísmica).
Pidió a las autoridades, Cámara de Construcción y Colegio de Ingenieros, tener especial atención Cabudare.
«Cabudare es el eje de crecimiento urbano, ya que Barquisimeto tiene limitada su expansión hacia el este y solo le queda espacio hacia el oeste. Sin embargo, Cabudare crece en dirección a Yaracuy, sobre zonas por las que pasa la falla de Boconó y está cruzada por antiguas difluencias de origen fluvio-torrencial del río Turbio y el río Claro», afirmó.
¿Qué se debe hacer?
Julio Gutiérrez, presidente del Colegio de Ingenieros del estado Lara, indicó que ante el riesgo sísmico que hay en Lara, el Estado y los profesionales de la construcción deben avocarse a hacer cumplir la Norma Covenin 1756 de 2019 y que necesariamente debe ser actualizada tras el doblete sismico.

Asimismo se debe actualizar la microzonificación sísmica de Iribarren, Palavecino y culminar las investigaciones para la microzonificación sísmica de Carora, en el municipio Torres, que aun no es ordenanza.
Se deben realizar y aumentar las inspecciones postsismo, formando brigadas de ingenieros civiles, que trabajen coordinadas con la Comisión Presidencial para la Evaluación de Habitabilidad de Infraestructura.
Se debe actualizar el PDUL de Barquisimeto, creado en 2003 y que actualmente tiene 10 años vencido, mientras la población crece desordenadamente.
Finalmente, indicó que es fundamental hacer inspecciones y reforzamientos, en edificaciones esenciales como escuelas (especialmente las estructuras tipo antiguo I, y antiguo II o tipo cajetón), que se hicieron hace más de 60 años, antes de que existiera una norma para construcciones sismorresistentes, y se encuentran en zonas de alto riesgo ante terremotos.
En el conversatorio titulado: Edificaciones Sismorresistentes y edificaciones postsismos», se reveló que en Lara existen al menos 26 escuelas antiguas que requieren ser reforzadas.
Prohíben construcciones en zonas de alto riesgo
El alcalde del municipio Iribarren, Yanys Agüero, durante el evento convocado por Funvisis el 3 de agosto, ordenó ajustar la arquitectura jurídica del municipio a la realidad del país, tras el doblete sísmico.
Solicitó a ediles trabajar en la actualización de la ordenanza de microzonificación sísmica de Iribarren, la ordenanza sobre procedimientos de construcción (1993) e iniciar las reuniones para actualizar el Plan de Desarrollo Urbano Local (PDUL), de Barquisimeto.
Asimismo ordenó a la Dirección de Planificación y Control Urbano (DPCU), que restrinja los nuevos permisos de construcción de alta densidad, en zonas de fallas activas o suelos con alto potencial de licuación (o suelo arenoso que pierde firmeza ante terremotos), como ciertas terrazas y zonas del norte de la ciudad de Barquisimeto.
«DPCU en conjunto con el Concejo Municipal de Iribarren, deben adecuar las ordenanzas de criterios sismorresistentes en edificaciones de más de cuatro pisos, en coherencia con las solicitudes de asesoría internacional que ha hecho la presidencia de la República», recalcó.
Pidió vincular el Sistema de Prevención y Gestión de Riesgo, del municipio Iribarren a las comunidades y anunció la conformación de brigadas con ingenieros civiles para realizar auditorías estructurales en las edificaciones del municipio.
Hallazgos encontrados
Funvisis inspeccionó zonas afectadas por los terremotos, identificando zonas de ruptura, de deslizamiento, de licuación de suelos y efectos de cresta (ondas sísmicas que se amplifican en las partes más altas de la topografía), que indican cuánta energía liberaron los terremotos del 24 de junio, cuyo primer epicentro fue en Yaracuy, en la falla de Boconó, y posteriormente activó la falla de San Sebastián, en un segundo evento.
«Cuando se analiza la concentración de daños en las estructuras, se observa que estos ocurren muy cerca de las trazas de falla y en zonas con características geotécnicas propensas a la relajación lateral, desplazamiento de masas o licuación de suelos…La experiencia nos muestra por qué en Catia La Mar, en la Guaira, hubo tantos daños: muchas estructuras estaban sobre la falla o en rocas adyacentes», expresó Luz María Rodríguez, investigadora de Funvisis. Esta información se debe tomar en cuenta para actualizar la Norma Covenin 1756.
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