Un profundo duelo colectivo embarga a Venezuela desde que la tierra se estremeció el 24 de junio y no sólo derrumbó edificios, provocando más de 4.734 fallecidos y miles de desaparecidos, sino que dejó un profundo dolor en el corazón de cada venezolano que, aún estando separados geográficamente de las zonas afectadas, se han sentido identificados y solidarizados con el sufrimiento de las víctimas.
Psicólogas consultadas, aseguran que la mayoría de la población experimenta miedo porque se repitan los temblores. Hay tristeza, ansiedad y un sentimiento de culpa que ha afectado el regreso a los hábitos cotidianos.
«Con una tragedia así todo el mundo perdió algo, porque los habitantes que no sufrieron daños en su hogar o la muerte de un familiar, perdieron el sueño y la estabilidad en sus rutinas. Hay un duelo colectivo en Venezuela», exclamó la psicóloga Vidmary Querales, quien recorrió las zonas afectadas del este de Caracas a pocos días del doblete sísmico, brindando contención y primeros auxilios psicológicos a sobrevivientes de los edificios Rita, en San Bernardino; Petunia en los Palos Grandes, a rescatistas y a personas en refugios transitorios.
El diagnóstico es claro: los habitantes de la Gran Caracas y La Guaira han sufrido shock colectivo severo; la población está aterrada, sobre todo por la cantidad de temblores que se han registrado en la falla de San Sebastián, al norte del país, donde según la Fundación Venezolana de Investigaciones Sismológicas (Funvisis), han ocurrido más de 1.203 réplicas.

«Hay mucho miedo, incertidumbre y ansiedad que desafía cualquier lógica. Aunque se entienda que no vendrá un sismo similar inmediatamente, emocionalmente las personas no logran procesar esa información; predomina un temor constante a sufrir otro desastre natural», sostiene Querales.
Secuelas del trauma por duelo
Ante un trauma tan abrumador, las víctimas registran disociación. El cerebro se desconecta de la realidad como mecanismo de defensa, para bloquear el sufrimiento y permitir la supervivencia.
Destaca que miles de familias aún no encuentran los restos de sus seres queridos, están en descomposición o han sido enterrados en fosas comunes, sin un ritual digno. Eso impacta emocionalmente y retrasa el duelo.
Asimismo, se da «la culpa del sobreviviente», un estado mental en que se encuentran quienes han salido ilesos del desastre y se cuestionan permanente sus acciones, por no poder salvar a su familia.
Tres tipos de duelo
Magjell Andrade, psicóloga con magíster en orientación de la conducta, resalta que cada venezolano ha vivido el doble terremoto de manera diferente. El procesamiento de la pérdida puede comenzar de manera distinta. Alega que se han diferenciado tres tipos de duelos por los terremotos:
El duelo catastrófico o traumático: ocurre tras la pérdida repentina o masiva tras un desastre natural. «Genera un sufrimiento colectivo, porque las víctimas sufren pérdidas múltiples y simultáneas: seres queridos, mascotas, viviendas y pertenencias. A esto se le añade el estrés de la incertidumbre. Esto es lo que viven quienes hoy están en albergues o refugios», detalló.

Está el duelo ambiguo: que lo registran quienes no encuentran a sus familiares luego de tres semanas de los terremotos. «Por el tiempo, sus esperanzas de encontrarlos con vida son casi nulas. Psicológicamente, hay una aceptación del fallecimiento. Sin embargo, al no ver el cuerpo, el procesamiento mental no está acompañado de la imagen que permita un cierre», explicó.
El cerebro de estas personas entra en una dualidad: saben que sus familiares están muertos, pero guardan una pequeña esperanza de que hayan salido a tiempo, o sienten que no han buscado lo suficiente. Eso ralentiza el proceso de un duelo.
María Auxiliadora Campos Medina, doctora en ciencias con especialidad en Psicología del Atlantic International University, explicó que los terremotos han dejado pérdidas inconmensurables y específicamente se refirió a las personas que siguen sin localizar a sus familiares en zonas devastadas. Sostiene que el no ver el cuerpo no sólo se prolonga el ciclo de negación, aumenta el sufrimiento y la culpa.
Además, culturalmente y para los cristianos, el poder realizar un sepelio digno permite rendir honores a los fallecidos y eso es necesario para que haya un cierre psicológico. La fe también es un soporte emocional.
«Para sanar, se requiere trascender la mirada de lo físico y abrazar profundamente la fe y la esperanza, recordando que desde nuestra perspectiva espiritual la muerte no es el final. Esos rituales son honores necesarios para los familiares, pero el premio mayor de quienes partieron está en el cielo; pensemos en cuántas madres dieron la vida por sus hijos, o cuántos hijos por sus padres y hermanos en medio del desastre», manifestó.
El tercer duelo que identifican es el colectivo: se da cuando se empatiza con el sentir del otro. «Eso le ocurre a cualquier venezolano que esté dentro o fuera del país, incluso hay naciones que se han solidarizado. Este duelo se supera de manera comunitaria», explicó Magjell Andrade, psicóloga, especialista en orientación de la conducta, formada en Primeros Auxilios Psicológicos (PAP).

La población siente tristeza, culpa y miedo. Explica que el miedo no es una emoción negativa, porque permite estar en alerta ante amenazas.
«Hay un miedo frustrante que nos paraliza y eleva el cortisol (la hormona del estrés), y el miedo funcional, que ayuda a accionar para salvaguardar la vida», expresó.
La respuesta que han tenido los ciudadanos para canalizar ese duelo ha sido la resiliencia y eso se ha evidenciado con la cantidad de centros de acopio que se han creado y en las donaciones de insumos para socorrer a los afectados e incluso a los rescatistas.
«Hoy cientos de personas y emprendedores han puesto sus talentos en función de la emergencia: desde el joven que construye literas, hasta quienes hacen libros para colorear para los niños, salones de belleza que ofrecen servicios gratuitos en las zonas afectadas o comercios que intercambian servicios por productos de primera necesidad. Desde la adversidad y el dolor profundo, se manifiesta la solidaridad», recalcó Andrade.
Pérdida de identidad
La doctora María Auxiliadora Campos, sostiene que cuando han pasado tres semanas de los terremotos, y una persona haya perdido su vivienda, sus pertenencias y haya sido desplazada forzosamente del lugar donde hacía su vida, hace que se debatan en una pérdida de identidad.
«Se trata de un duelo multidimensional que se acumula. Es el impacto de ver destruido el patrimonio de toda una vida, lo que incluye la pérdida de los recuerdos físicos. Esto genera una profunda lucha interior, una crisis de identidad y un shock agudo. En estos casos, el duelo suele estar completamente entramado con el principio de supervivencia. Una vez que pasa el duelo, la persona entra en una disyuntiva constante entre la urgencia de sobrevivir y la necesidad de procesar y vivir ese dolor».
La psicóloga Vidmary Querales, sostiene que existe una tendencia a minimizar las pérdidas materiales o daños menores en las viviendas, pero en el contexto económico de Venezuela, poder recuperarse de esos daños, representa años de trabajo y esfuerzo.
Andrade: No cualquier psicólogo puede ayudar
Esta tragedia ha movilizado a miles de profesionales de la salud y psicólogos que acompañan el dolor y orientan sobre estrategias de afrontamiento a sobrevivientes de los terremotos. Pero la psicóloga Magjell Andrade indicó que el gremio se ha desplegado en el país, para fortalecer el rigor ético y técnico, y formar a quienes deseen ser voluntarios en Primeros Auxilios Psicológicos (PAP).
«Tenemos la importancia de formarnos para poder atender a las víctimas o afectados de esta catástrofe, porque esta no es una situación común, no es cualquier duelo y realmente requiere una formación especializada que tanto la Organización Panamericana de la Salud, como la Federación de Psicólogos de Venezuela (FPV), los distintos colegios de psicólogos y en el caso del estado Lara, la Coordinación Regional de Salud Mental, adscrita a la gobernación, están llevando a cabo talleres online y presencial, apegados al Código Deontológico, para atender con precisión a la población vulnerable», resaltó.

No se trata de sólo tener buena voluntad para ayudar, por eso la FPV, en su cuenta de Instagram, ha publicado una cantidad de seminarios que han realizado gratuitamente, llevados a cabo por expertos nacionales e internacionales en materia de atención psicosocial de emergencia y catástrofes, para formar brigadas de atención.
Algunas de estas formaciones requieren de dos días, en clases vía online que pueden durar dos horas, aproximadamente.
«Son protocolos internacionales que nos demandan tener cierto conocimiento, preparación y no cualquier psicólogo, aun cuando sea profesional, tiene la acreditación para la atención de estas víctimas», comunicó Andrade. Lo que trata de evitar el gremio es que se incurra en negligencia, si se realiza un acompañamiento sin el rigor técnico necesario.
Mencionó que a tres semanas de los terremotos, algo que han evidenciado es que muchas personas sienten culpa al intentar retomar sus vidas.
«En este punto es crucial evitar la búsqueda de explicaciones lógicas o culpables existenciales que justifiquen la tragedia, porque no existe una respuesta que satisfaga a todos. Cuestionarse por las pérdidas humanas o materiales, por los daños físicos padecidos, sólo complejiza el cuadro psicológico. La culpa no alivia el dolor», puntualizó.

