El financiamiento científico mantiene frenada la producción de investigaciones en el país. Mientras países vecinos como Brasil publicaron más de 21 mil artículos científicos en 2020 y Colombia más de 15 mil, en Venezuela desde ese año se está produciendo un promedio anual de mil investigaciones científicas. Cifra similar a la que se registraba en la década de los 90.
Según explicó el doctor Ismardo Bonalde, Individuo de Número (Sillón XXX) de la Academia de Ciencias Físicas, Matemáticas y Naturales de Venezuela (Acfiman), la principal causa de esa merma es el restringido financiamiento que destina el Estado para la producción de conocimiento.
En segundo lugar, se debe a la cantidad de profesionales con estudios de cuarto y quinto nivel que han emigrado de Venezuela, debido a los bajos salarios y en tercero, a la poca generación de relevo en docencia e investigación. Actualmente, pocos jóvenes se motivan a cursar carreras de pregrado relacionadas con las ciencias básicas y en las principales universidades los programas de matemática y química están casi desolados.
En 2024 se produjeron exactamente 1.100 investigaciones científicas en Venezuela, entre publicaciones regulares, resúmenes arbitrados, artículos de revisión, notas y reportes técnicos, reportes de casos médicos, libros y capítulos de libros. Esta producción fue publicada en revistas científicas internacionales de alto impacto, entre las que destaca: Nature en la que se publican las más prestigiosas investigaciones del mundo físico y biológico, y Cell, en la que se registran trabajos de biomedicina y biología.

También se publican en The New England Journal of Medicine para trabajos de salud, Physical Review Letters, Nature Physics, The Astrophysical Journal, para investigaciones de astronomía, Revistas de la Sociedad Química Americana (ACS, por sus siglas en inglés), entre otras.
El 75% de estas investigaciones en Venezuela la realizan estudiantes de posgrados, maestrías y doctorados de las principales universidades del país: UCV, ULA, USB, LUZ, UC, UDO, UCLA y del Instituto Venezolano de Investigaciones Científicas (IVIC).
Según detalló el doctor Bonalde, la mayoría de la producción de conocimiento científico se da en las áreas de biología y biomedicina, en las que hay más profesionales trabajando. En áreas como la química, matemática, física hay muy pocos investigadores actualmente.
Financiamiento es poco
Aunque en Venezuela existe la Ley Orgánica de Ciencia, Tecnología e Innovación (Locti), que obliga a empresas privadas y públicas a pagar un aporte fiscal anual sobre sus ingresos brutos, destinado al Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Fonacit), y cuya meta es recaudar 2,6% del Producto Interno Bruto (PIB) para impulsar proyectos e investigaciones científicas y tecnológicas, la realidad es que en el año 2023 ese presupuesto no superó el 0,4% del PIB, según señala el Boletín de la Acfiman, publicado en noviembre de ese año, titulado: «Producción de Conocimiento en Venezuela 1970-2022».
«Algunas instituciones reciben financiamiento del Ministerio de Ciencia y Tecnología, pero muy restringido. La gran mayoría de los investigadores del país no reciben un financiamiento público. Tenemos el talento humano para realizar investigaciones profundas y de varios años, pero sin recursos económicos no podemos hacer nada», recalcó el doctor Ismardo Bonalde, Individuo de Número de la Acfiman.
Resaltó que en áreas en las que no se requiere de un gran financiamiento para investigar, como matemática, porque tienen bajo coste operativo, ya que no necesitan de laboratorios costosos ni materia prima, es en donde se hace más palpable la diáspora de profesionales en Venezuela.
Explicó que en teoría, el Fonacit, que años atrás era el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Tecnológicas (Conicit), llamaba a participar a los investigadores uno o dos veces al año para destinar financiamiento. Todo el que quisiera inscribirse lo podía hacer, esas propuestas las evaluaba un jurado calificador que destinaba presupuestos sólo a temas de investigaciones de mayor importancia para el desarrollo del país, y tomaba en cuenta la relevancia del equipo investigador; es decir, que tuvieran un historial de publicaciones nacionales e internacionales.
Además, sólo se otorgaban recursos económicos a quienes pertenecían a centros o instituciones académicas de renombre, había un equipo administrativo haciéndole seguimiento a la investigación. Ese tipo de financiamiento cada vez se ha limitado y centralizado más en Venezuela.

El Boletín de la Acfiman, de noviembre 2023, llamado: «Producción de Conocimiento en Venezuela 1970-2022», señala que desde el año 2009 el país es el único de Latinoamérica en mostrar una tasa negativa de investigaciones.
El pico más alto de producción de conocimiento científico lo registró Venezuela en el año 2008, con más de 2.500 publicaciones internacionales. La nación llegó a ocupar el puesto cinco en Latinoamérica y el Caribe, con mayor número de conocimiento científico producido, pero en el año 2022, bajó la nación bajó al puesto 11.
Recursos privados
En Venezuela muy pocas investigaciones son financiadas directamente por la empresa privada o bajo cooperación internacional. Entre 2014-2024, el sector privado financió 30 proyectos en la UCV. «De esa cantidad, 23 corresponden a la Facultad de Ciencias y siete a la Facultad de Medicina», precisa el Boletín de la Acfiman, publicado en noviembre 2023, llamado: «Producción de Conocimiento en Venezuela 1970-2022».
Los académicos reflexionan que si bien en Venezuela existe el Programa Nacional Semilleros Científicos llevado a cabo por el Ministerio de Ciencia y Tecnología que abarca la educación primaria y secundaria, debe haber una «visión de futuro», porque la situación más dramática en el país es que no hay generación de relevo en educadores para que formen a los jóvenes en ciencias básicas, una vez lleguen a las universidades.
Caso UCLA
La UCLA es un vivo ejemplo de cómo cada vez hay menos estudiantes que se interesan por estudiar matemática pura, ciencia que es la base de todas las demás. De acuerdo con el Boletín de Acfiman, de junio 2025, titulado: «Reflexiones sobre los estudios universitarios de matemáticas en Venezuela«, la principal universidad de Lara ha disminuido la matrícula de matemática cada año desde 2013.
En 2024 ingresaron 10 alumnos, seis de esos asistieron con cierta frecuencia a las aulas, pero sólo dos alumnos fueron los que asistieron a todas las actividades. Del 2021 al 2024, tan sólo se graduaron dos estudiantes de matemática en la UCLA, según destaca este boletín.
Se autogestionan
Estudiar los ecosistemas del estado Mérida o del Parque Nacional Canaima, de los más biodiversos de Venezuela, es cuesta arriba para quienes cursan la licenciatura en biología de la UPEL, que deben ahorrar por meses, hacer rifas y otras actividades profondos para poder realizar investigaciones de pregrado.
Giuliana Farci, profesora de la UPEL de la materia Educación Ambiental y Biodiversidad, contó que las universidades públicas, por el déficit de presupuesto que registran, no pueden financiar investigaciones de corto alcance. Son los jóvenes con sus propios recursos los que deben coordinar el transporte, hospedaje y la alimentación de las jornadas de observación in situ. Eso los obliga a estudiar espacios naturales más cercanos sin limitar su aprendizaje.

En marzo, 11 estudiantes del séptimo semestre de biología presentaron una investigación sobre la biodiversidad de los Chorros de Buena Vista, en Licua, municipio Crespo, estado Lara, donde por más de dos horas se internaron en ese espacio concurrido por visitantes locales los fines de semana, para registrar las especies de hongos y líquenes (Reino Fungi), helechos y afines (Pteridófitos), musgos y hepáticas (Briófitos) e insectos y arañas (Artrópodos).
Estos trabajos fueron presentados en la IV Edición de la Feria «Ecociencia» de la UPEL, realizado el miércoles 13 de mayo.
Elionel Sequera contó que su equipo registró el Reino Fungi de los Chorros de Buena Vista, logrando 22 muestras de líquenes y 18 de hongos. Algunos no estaban en el registro taxonómico de Lara o bien porque creen son especies endémicas, o porque hay un vacío de información.
«Los líquenes son bioindicadores. Su presencia nos demuestra que un bosque está sano», especificó.
Jesús Escobar investigó los Briófitos o musgos que actúan como esponjas naturales. «Tienen la capacidad de absorber y retener grandes cantidades de agua. Son vitales para regular el cauce de los ríos, mantener la humedad del bosque y prevenir inundaciones o desastres naturales, tras fuertes lluvias», argumentó.
Jorge Torrealba estudió los insectos, encontrando desde libélulas, escarabajos, arañas propias del sotobosque, hormigas, milpiés. El rol de los insectos es que son «termómetros» de la salud del bosque.
«La presencia y proliferación de las libélulas (Odonatas) en los Chorros de Buena Vista nos permitió concluir que el río cuenta con propiedades físico-químicas óptimas», mencionó.
Investigaciones sobre astronomía se mantienen
Según Ángel Díaz, coordinador de divulgación de la Fundación Centro de Investigaciones de Astronomía y Tecnologías Aplicadas «Francisco J. Duarte» (Cidata), en el estado Mérida, las investigaciones realizadas al universo se mantienen en Venezuela financiadas por el Ministerio de Ciencia y Tecnología.

La mayoría de estas investigaciones son importantes porque tienen que ver con la seguridad nacional y el desarrollo tecnológico del país.
«Las investigaciones de (Cidata) en astronomía son bastante competitivas y cumplen con los estándares internacionales», recalcó.
Según la doctora Giuliat Navas, investigadora del Cidata, actualmente, la investigación astronómica en el país se concentran en gran medida en las ciencias planetarias. Lideran líneas de trabajo especializadas que incluyen: astrometría y dinámica: Seguimiento de cuerpos menores del Sistema Solar (asteroides y cometas) y monitoreo de satélites artificiales.
Asimismo fotometría: determinación de períodos de rotación de asteroides y análisis de luz.
Fenómenos estelares: estudio y análisis de ocultaciones estelares por asteroides y observación de cúmulos globulares.
Desarrollo tecnológico: Creación de aplicaciones y herramientas computacionales propias para la automatización y mejora del procesamiento de datos observacionales.
Astrofotografía: Registro y estudio tanto de objetos del Sistema Solar como de espacio profundo. También investigaciones de astropartículas.

Anualmente ocurre la formulación y activación de nuevos proyectos específicos dentro de estas líneas de investigación. Estos proyectos se presentan regularmente a convocatorias nacionales, como las del Fonacit, con el objetivo de asegurar el financiamiento necesario para continuar con su labor científica.
“El talento humano dedicado a la ciencia en el país ha experimentado una disminución, y el sector astronómico no ha sido la excepción. Este fenómeno ha impactado el volumen de proyectos. No obstante, estamos realizando un esfuerzo sostenido y profundo para revertir esta tendencia, enfocándonos en la formación y captación de jóvenes talentos a través de iniciativas como las Olimpiadas Venezolanas de Astronomía. Donde nuestro objetivo es asegurar el relevo generacional y garantizar que la ciencia, y específicamente la astronomía, continúe siendo una vía de desarrollo para nuestro país”, explicó la doctora Giuliat Navas.


