Un motorizado perdió la vida luego de chocar su moto contra un poste en el sector Portachuelo de la parroquia Unión.
Los lamentos de su un padre en los alrededores de la morgue del Hospital Central Antonio María Pineda de Barquisimeto, eran incontenibles ante tanto dolor y la falta de resignación. Constantemente les recomendaba a sus hijos que no manejaran motocicletas; sin embargo, la noche de este sábado perdió a su primogénito al estrellarse contra un poste en el sector El Portachuelo de Unión.
Osmel Tona Rivas había prometido regresar rápido a casa, pero no llegó a recorrer ni cinco kilómetros antes de sufrir el fatal accidente.
Osmer Tona señaló que su hijo acababa de salir de la casa en Carorita Abajo y eran las 10:30 p.m., por lo que volvería pronto. No dijo hacia dónde iba con tanta urgencia ni que iría en la moto de su hermano. Su promesa se esfumó tan rápido, que al poco tiempo llaman al señor y le indican que había ocurrido el accidente.
«¡Me decía que no iba a manejar la moto, porque bastante que los aconsejaba acerca del peligro!», repetía llorando y contó que no aguantaba los nervios cuando fue a encender la camioneta para ir a rescatarlo. Presentía lo peor y hasta sentía sus piernas debilitadas, con un dolor que le aprisionaba el corazón y le impedía respirar.
Fue el momento más desconcertante, cuando lo vio tendido en el asfalto y sangrando. Sacó fuerzas de donde no tenía y lo montó en su camioneta. Ese trayecto hasta el Hospital Central Antonio María Pineda era interminable, así lo sentía cada vez que miraba a su hijo moribundo que apenas podía respirar. Le hablaba y hasta le gritaba con desesperación, ordenándole que soportara hasta llegar a la emergencia. Pero lo más triste, es que no supo si pudo escucharlo, porque Osmel nunca reaccionó y estuvo inconsciente desde que impactó contra el poste.
El joven, de 27 años, no resistió, cuando su padre lo bajó de la camioneta a la emergencia se dio cuenta que había muerto. «Tal vez fue la falta de experiencia, estaba acostumbrado era a manejar carros», admite el señor y recuerda esa curva de El Portachuelo, que tal vez lo sorprendió sin darle tiempo de realizar alguna maniobra, chocando de frente.
Cuestiona esa especie de rebeldía de los hijos, empeñados en no acatar los consejos de los padres. Resulta que habían comprado esa moto a escondidas, sin comentarle nada. Era de «segunda mano» y la tenían guardada porque debían sacar todos los documentos.
El señor Osmer llora por su primogénito y pide a Dios que cuide al hijo que le queda.

