La ciudad dormía cuando el centro se encendió a «plomo limpio». Eran las 2:00 de la madrugada y frente al banco, que se ubicaba en la carrera 21 con calle 39 de Barquisimeto, se cruzaron las armas de la banda los «Tirapiedras» y funcionarios del Servicio de Inteligencia Policial (SIP).
Ese 03 de octubre de 1962, la ciudad no despertó con el canto de los gallos, sino con el eco de los disparos. Minutos antes, los funcionarios estaban realizando un despliegue policial por la zona y se percataron que un grupo de delincuentes intentaba ingresar a la entidad bancaria para robar.
Los uniformados de inmediato le hicieron frente a los criminales y estos atacaron, originándose un intercambio de disparos, logrando herir a varios de los hampones, quienes dejaron rastros de sangre en la calle cuando corrieron a montarse en un carro para huir del lugar.
La balacera se prolongó por una media hora, los criminales trataron de correr hacia la avenida 20, pero fue en ese momento cuando el funcionario Cirilo Antonio Calles, de 42 años de edad, les salió adelante y los hizo retroceder a tiros.

Casi de inmediato, uno de los delincuentes le disparó a Cirilo logrando herirlo en el pecho, aún malherido el funcionario disparó dos veces más y del otro lado cayó uno de los maleantes.
Era Santiago Enrique Gil, uno de los integrantes de la banda, quien cayó muerto. El resto de los maleantes salieron huyendo y el funcionario Cirilo ya había caído sobre el pavimento muerto.
Al sitio del crimen
La Policía Técnica Judicial (PTJ) llegó al sitio del suceso para hacer las experticias y el levantamiento de los cuerpos.
Los funcionarios comenzaron a trabajar para identificar a todos los responsables del ataque y es que a esta banda de los «Tirapiedras» ya se les había señalado de cometer otros atracos a mano armada. Aunque para el año no tenían detenidos, con la muerte del oficial se dedicaron a buscarlos.
La PTJ se desplegó por varias zonas de la carrera 21 y por la avenida 20, con el fin de dar con los responsables, pero estos desaparecieron con la luz de la noche.
«Se nos fue un excelente funcionario, él murió haciéndole frente a los delincuentes, quienes pretendían ingresar a una entidad bancaria para cargar con el dinero», comentó un compañero de Cirilo al periódico de la época.
Tanto el cuerpo del funcionario como el del hampón fueron levantados y trasladados a la morgue del Hospital Central de Barquisimeto para que le practicaran la autopsia.

Dos atracos antes de la banda de los «Tirapiedras»
Momentos antes del encuentro con la SIP, los integrantes de la banda perpetraron dos atracos, uno fue en un local de refrigeración en la carrera 19. El modus operandi de los delincuentes era lanzar grandes piedras sobre los locales y así rompían los vidrios para ingresar a los establecimientos.
En ese atraco, lograron llevarse mercancía valorada en Bs. 10 mil, que para el año 1962 eran aproximadamente 2 mil 200 dólares. La Policía llegó a ese local e inició con las investigaciones y tomaron las huellas dactilares.
El segundo atraco que perpetraron los «Tirapiedras» fue en la avenida Vargas, en un local comercial, allí no lograron llevarse nada porque los vigilantes les hicieron frente.
Tras cometer estos dos primeros atracos se fueron hasta la entidad bancaria, porque creían que se iban a llevar gran cantidad de dinero, pero lo que no contaron es que una patrulla policial iba a estar por la zona y los funcionarios se percataron de las intenciones que tenían los criminales.

En tiempo récord
En medio del procedimiento, tras la búsqueda de los implicados por el homicidio del funcionario, los integrantes del cuerpo de seguridad detuvieron a tres hombres, a quienes señalaron como integrantes de la banda delictiva.
Al sitio del suceso llegaron funcionarios de la Policía Municipal y de la antigua Digepol. Los cuerpos de seguridad estaban desplegados por todo el centro de Barquisimeto porque querían dar con todos los integrantes de la banda delictiva.
Al día siguiente, la PTJ logró nuevas detenciones en torno al caso y a los tres detenidos se sumaron dos aprehensiones más.
Los detectives se fueron hasta la casa de Santiago, quien fue el criminal que murió en el enfrentamiento. En la vivienda, ubicada en el oeste de Barquisimeto, decomisaron tres revólveres y una pistola.
En medio de las experticias, los funcionarios se percataron que la pistola que fue decomisada pertenecía a la Fuerza Armada y que seguramente los maleantes la habían robado en un atraco.

Todo lo decomisado fue trasladado hasta la sede policial para iniciar el expediente de los implicados y así comenzar con el proceso judicial.
Santiago era uno de los líderes de la banda y con su muerte más la detención de al menos cinco integrantes, el grupo hamponil se fue disolviendo.
Los cinco que quedaron detenidos fueron condenados por el delito de homicidios y llevados a la Cárcel de Barquisimeto, lugar en el que permanecieron hasta que cumplieron su pena.
De la banda los «Tirapiedras» no se supo más nada, algunos barquisimetanos contaron que los criminales que estaban dentro de esta organización no pasaban de 25 años y muchos de ellos tenían registros policiales por hurto y robo. Cada uno agarró otro rumbo delincuencial.

