Alrededor de 250 familias de la comunidad de Los Rastrojos, de la parroquia José Gregorio Bastidas, están preocupados por el colapso de la tubería principal, que ha sufrido 14 botes de agua blanca. Una situación que les perjudica con poca presión en el servicio, riesgos de mayor deterioro del asfalto y la pérdida del sistema de drenaje con la obstrucción de alcantarillas, en este sector de Palavecino.
Los vecinos señalan que el problema inició aproximadamente desde 2019 y que los últimos dos años se fue agravando, debido al deterioro de la tubería principal, lo cual generó más daños entre las calles Andrés Verde y La Mata.
El asfalto siempre está mojado y esa corriente de agua va libremente, pasando desapercibido aquellos mínimos botes que son consecutivos y que generan la molestia entre sus habitantes. Así es el escenario durante las mañanas de los días lunes, jueves y viernes, siendo el horario correspondiente a la distribución de tan importante servicio.


Familias en alerta ante el colapso de la red
«Esto da dolor, ver cómo se desperdicia agua limpia, mientras hay otros sectores que no cuentan con la regularidad del servicio», se lamenta el señor Owardt Jiménez, indicando que dichas filtraciones le restan presión y los vecinos deben recurrir a la instalación de bombas hidráulicas para asegurar un mayor almacenamiento.
Cuenta la señora María Josefina Sánchez, como una de las primeras familias que construyeron en este sector, que la tubería debe superar los 40 años, por lo que esta cediendo en vida útil y con el crecimiento demográfico, aparecen más filtraciones. De allí, que Carmen Salazar menciona en tono de molestia: «Tenemos alrededor de tres años insistiendo a Hidrolara, pero han realizado algunas visitas y sólo prometen que regresarán con los implementos de trabajo».
Sólo en al avanzar en unas cuantas cuadras, se observa el agua bajando frente a las residencias, así como ante más de 10 pequeños comercios, también perjudicados.
Riesgos viales y amenazas a la salud pública
El señor Antonio González describe que el «hilito» (corriente) no tenía tanta fuerza para llegar a la canal de la intercomunal Barquisimeto – Acarigua. Pero con los nuevos botes, desemboca más rápido en las alcantarillas que están sellándose por acumular sedimentos y basura, causando anegaciones durante las lluvias.
Cuando caminan hacia el estadio Euclides Gil, muestran los rastros verdes de la humedad hacia el borde de la acera. «Esto nos va a terminar de dañar el asfalto de la calle», reclama Jiménez y recuerda que en dos oportunidades, entre vecinos y la colaboración de comerciales, recuperaron una tanquilla y rellenaron un desnivel, siendo un peligro por accidentes viales.
También temen que tal humedad, sea criaderos de vectores de dengue o fiebre amarilla.


